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LA LEY DE LA MANADA
Que Disney tiene las horas contadas como gran baluarte del cine
de animación, es algo que ya quedó claro con "Shrek",
la obra maestra de Dreamworks. Sin llegar al excelente nivel de
ésta, la última producción animada de la
factoría Fox, en horas bajas tras el estrepitoso fracaso
de la más que correcta "Titan A. E." satisface con
creces al público más exigente, ese que acude a
las salas, no sólo para alegrar la tarde a los más
pequeños de la casa, sino para disfrutar de buen cine,
genuino e imaginativo, repleto de momentos memorables (a cargo
casi siempre de una especie de ardilla-mapache y su esquiva bellota)
y de un ingrediente apenas explotado en las comedias recientes:
el humor sin palabras, un recurso expresivo, siempre eficiente,
que directores como Blake Edwards supieron utilizar en su día
con resultados irrepetibles, y que aquí corre a cargo de
una nada ortodoxa cuadrilla formada por tres animales prehistóricos
y un bebé humano, sin olvidar a la mencionada pseudo-ardilla,
envueltos en un sinfín de situaciones disparatadas, que
aportan al film un ritmo considerablemente alto, algo a lo que
quizás contribuye decisivamente la total ausencia de estúpidas
cancioncillas, que no hacen sino alargar los metrajes, así
como las estupendas prestaciones que aporta la animación
por computadora, que facilita con creces la realización
de escenas tremendamente complejas (el deslizamiento por los toboganes
de hielo) e introduce una textura más realista, en contraste
con el enquistado y bidimensional dibujo tradicional.
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