INSOMNIO
Plena
de miradas y silencios, sentimientos a flor de piel, que no se expresan
con palabras, sino que se palpan a través de la pantalla,
desde la que se nos rodea con la imagen perturbadora, contradictoria,
ecléctica del Japón del nuevo milenio, visto desde
la perspectiva de dos náufragos confundidos, solitarios,
insomnes, perdidos en la vorágine de la inmensa metrópoli,
condenados a compartir entre ellos, dos extraños, lo que
nunca serían capaces de confiar a un conocido, a un amigo
íntimo, un familiar e incluso un cónyuge, esa extraña
conexión con la gente con la que un día coincidimos
y a la que es probable que nunca vayamos a ver después, pero
que cambia nuestra vida o, al menos la percepción que tenemos
de ella.
Sofía Coppola, hija del inmenso (en todos los sentidos) director
de la saga de El Padrino, y a quien ya conocíamos, no sólo
por su desastrosa actuación en la tercera entrega de la trilogía
de su papá, sino, afortunadamente, por su primera película,
una pequeña joya repleta de tiempos muertos titulada Las
Vírgenes Suicidas, muestra en este, su segundo largometraje,
una fulgurante progresión que, si el destino o Hollywood
no lo remedia, parece encaminarla hacia ese selecto club sólo
reservado a los grandes directores, aquellos que a su innegable
talento, unen una innata capacidad para hacerse reconocibles y perdurables
a través de su obra.
Es Lost In Translation una película extraña, intimista,
muy visual, muy sensitiva, en la que los ojos juega un papel crucial
en detrimento de la palabra, del diálogo puro y duro, como
si lo que los protagonistas comentan o hablaran no fuera sino la
punta del iceberg de sus verdaderos sentimientos, sintiéndonos,
como espectadores, obligados a descifrarlos a través de sus
gestos y sus miradas. De ahí que la química entre
los personajes resulte crucial, y la química existe. Hacía
siglos que no veía en el cine una pareja protagonista más
compenetrada, más entregada al trabajo mutuo y menos a la
necesidad egoísta de eclipsar al compañero como la
que forman el casi siempre minusvalorado Bill Murray y la exquisita
e hiper-expresiva Scarlett Johansson. Puede que fuera del rodaje
se tiraran los trastos a la cabeza, como cuentan que pasaba con
Jodie Foster y Anthony Hopkins en
El Silencio De Los Corderos (hasta ahora, la última gran
tandem de la historia del cine), pero, si así ha sido, a
fe mía que no se nota en absoluto; es más, parece
que, pese a la abismal diferencia de edad, hubiesen actuado juntos
toda la vida.
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En un segundo plano, bastante más desdibujados, todo
hay que decirlo, desfilan una serie de personajes secundarios (casi
nunca este calificativo resulta tan apropiado como ahora), incluyendo
uno al que ni siquiera vemos en pantalla (la esposa del veterano
actor venido a menos), cuya presencia parece obedecer, según
se rumorea, a un pequeño ajuste de cuenta de la directora,
recie ntemente
divorciada de un conocido director de cine, que guarda muchas similitudes
con el fotógrafo adicto al trabajo interpretado por Giovanni
Ribisi (por no hablar del trasunto de Cameron Diaz, encarnado de
forma mimética por la guapa Anna Faris), pero que evidentemente
resultan imprescindibles, aunque sólo sea para acentuar el
grado de soledad y confusión de los dos verdaderos protagonistas:
el adulto, la jovencita (casi un cría) y la ciudad, omnipresente
y llena de contrastes, retratada con mágica luz y asombrosos
encuadres por la inquieta cámara de Sofía.
No
voy a desvelar el final de la historia, tan extraño y sugerente
como el resto de la película. Tan sólo diré
que nunca algo tan sutil como un susurro podía generar tantas
y tan variadas interpretaciones, hasta tal punto que cada espectador
puede escoger la que más le plazca. Todo un acierto, sin
duda.
EN RESUMEN
Como degustar aire de mandarina mientras se escucha a Portishead.
Lo mejor: que lo sugerido es aún más hermoso que lo
que se nos muestra, y lo que se nos muestra es formidable.
Lo peor: el incomprensible olvido de la Academia de Hollywood respecto
a Scarlett Johansson.
FICHA ARTISTICA
Dirección y guión: Sofia Coppola.
Países: USA y Japón.
Año: 2003.
Duración: 105 min.
Interpretación: Bill Murray (Bob Harris), Scarlett Johansson
(Charlotte), Anna Faris (Kelly), Giovanni Ribisi (John), Akiko Takeshita
(Srta. Kawasaki), Catherine Lambert (Cantante de jazz), Fumihiro
Hayashi (Charlie), Akiko Monou (P Chan), Kazuyoshi Minamimagoe (Agente
de prensa), Kazuko Shibata (Agente de prensa).
Producción: Sofia Coppola y Ross Katz.
Producción ejecutiva: Francis Ford Coppola y Fred Ross.
Música: Brian Reitzell y Kevin Shields.
Fotografía: Lance Acord.
Montaje: Sarah Flack.
Diseño de producción: Anne Ross y K.K. Barrett.
Dirección artística: Mayumi Tomita.
Vestuario: Nancy Steiner.
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