La naturaleza te convirtió en mujer,
y tu alma, que es mujer, sigue siendo mujer.
No hay nada más hondo ni más cercano que tu tierna femineidad
Adoro tu voz, tu mirada, tu naturaleza, tu delicadez
adoro que seas mujer, y te he convertido en templo.
Añoro tu candidez, tu sonrisa, tu ausencia
añoro que me mires, y te he convertido en gravedad.
La naturaleza te convirtió en mujer,
y tu alma, que es mujer, se acerca a la mía
no hay nada más cercado que tu femineidad.
Y te alejo de mí, cuando trato que te acerques.
Sería deshonesto, non sacta, tratar de adorarte.
Y te acerco a mí, cuando quiero que te alejes,
y me deslumbras con tu tierna femineidad.
¡Qué cruel es la vida, porque puedo morir por ti!
Providencia, tienes nombre de mujer.
¡Qué cruel es la distancia, porque puedo acercarme a
ti!
Lejanía, no tienes nombre de mujer.
La naturaleza te hizo y quisiste ser mujer,
mejor no te hubiera conocido,
me parece extraño no poder conocerte.
La naturaleza te convirtió mujer
y al final de los tiempos, seguirás siendo un silencio convertido
en mujer, en femineidad, en la dulce ternura
de mi insólita animosidad.