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NADIE ES PERFECTO

Josue Damia Ferrer i Ortells

Se nos ha ido el cineasta Billy Wilder, a los 95 años de edad. De origen judío, Wilder nació en Sucha (Austria-Hungría) y se trasladó a vivir primero a Viena y después a Berlin, época capital en el desarrollo del cine alemán. Periodista y guionista, decidió abandonar el país centroeuropeo debido al ascenso del nazismo. Se instaló primero en París y allí debutó como director de cine en Curvas peligrosas (1933) y un año después se instaló definitivamente en Estados Unidos.

Wilder forma parte de esa avalancha de talentos europeos que se nacionalizaron estadounidenses y que hicieron del cine de ese país el mejor del mundo durante muchísimas décadas, tan diferente del de hoy, un cine de donut y ketchup. Como guionista trabajó para los grandes estudios, pero siempre se sintió deudor del director alemán Ernst Lubitsch. Precisamente para él confeccionó el guión de Ninotchka. Y es que más director o productor, fue un prolífico guionista, en una sesentena larga de guiones. Y harto de que siempre se los retocaren, decidió dar el salto definitivo al mundo de la dirección. Y lo hizo de un modo brillante pues excepto a las películas del oeste y a los musicales, se acercó a todos los géneros con la visión de un genio.

Gran retratista de la sociedad estadounidense, su estilo se caracterizaba por la mezcolanza de la ternura y los sentimientos con una crítica cínica, implacable a las miserias humanas. Con las películas Días sin huella (1945), un estudio del alcoholismo, y El apartamento (1960), una comedia que explora la hipocresía y las miserias de la gente, ganó los premios Oscar a las mejores películas, dirección y guión. Otras de sus mejores obras son Perdición (1944), El crepúsculo de los dioses (1950), Traidor en el infierno (1953), La tentación vive arriba (1955), Testigo de cargo (1958), Con faldas y a lo loco (1959), Un, dos, tres (1961), Irma la dulce (1963) o Bésame, tonto (1964). En 1987 le fue concedido un Oscar honorífico a su carrera artística.

Decía que para enviar mensajes ya estaba el correo, que él lo que quería hacer era entretener. Máximo artífice del mito erótico de Marilyn Monroe y de la pareja cómica Jack Lemmon-Walter Matthau, fue el culpable de algunas de las secuencias más conocidas de la historia del cine. Se lamentaba de que los criterios comerciales y económicos que imperan en nuestros días le condenaran a una oscura retirada en 1982. El director de cine Fernando Trueba llegó a compararlo con Dios.

Josue Damia Ferrer i Ortells.
jdferrer@ozu.es



 

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