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Siempre dicen lo mismo. No es necesario tomar drogas para divertirse.
Pues claro que no. Como tampoco es necesario el amor, el sexo,
tener hijos, ir a la playa o leer una novela para vivir. Puedes
vivir sin ninguna de estas cosas. Ninguna de ellas es realmente
necesaria para vivir. Eso sí, aportan una calidad de vida
y hacen que te sientas vivo de verdad. Hay cosas que son la sal
de la vida y que sin ellas la vida sería invivible. Las
drogas es una de ellas.
Las drogas son absolutamente maravillosas. No digo todas claro,
pues hay algunas como el polvo de ángel o la escopolamina
que son francamente peligrosas. Pero la inmensa mayoría
de ellas te aporta una calidad de vida. La paz de la heroína,
el orgasmo infinito de la cocaína, los viajes astrales
de la ayahuasca, la magia sinestésica del LSD, la energía
anfetamínica... Prohibir las drogas es como prohibir enamorarse;
es, en definitiva, prohibir la vida.
La gente tiene derecho a amar, tiene derecho a ser feliz con
el amor y a sufrir por amor, también. Droga y amor se parecen.
Ambos te hacen ver el mundo de una forma especial, mágica,
ambos son capaces de catapultarte al cielo o descenderte a los
avernos, con ambos sabes que si pierdes a esa otra parte (bien
sea la persona amada o bien la droga), sólo puede llegar
el gran cataclismo... ¿Cuando dejará de tutelarnos
el estado? Es obsceno negarle al pueblo su derecho a escoger.
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Josue Damia Ferrer i Ortells.
jdferrer@ozu.es
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